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Coro Kandi de Planadas, una muestra de amor musical en Ibagué

Coro Kandi de Planadas, una muestra de amor musical en Ibagué

Hay sonidos que no solo se escuchan, se sienten. Y eso fue lo que ocurrió la tarde del miércoles 17 de marzo, cuando en medio de un escenario que parecía esperar con paciencia a sus protagonistas, apareció el Coro Kandi de Planadas para recordarle a Ibagué que la música también es un acto de amor.

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No eran muchos los asistentes en ese momento del 40° Festival Nacional de la Música Colombiana, pero quienes estaban allí fueron testigos de algo más profundo que una presentación: presenciaron la fuerza de un territorio que canta para no olvidar quién es. Desde las primeras notas, esas voces infantiles y juveniles, distintas, afinadas, cargadas de montaña, comenzaron a entrelazarse como si contaran una historia antigua, una que nace entre el café, la neblina y la resiliencia de Planadas.

Habían viajado más de seis horas para llegar hasta la capital musical de Colombia. Se notaba en sus rostros la mezcla de cansancio y emoción, pero sobre todo, esa determinación silenciosa de quien sabe que está representando algo más grande que sí mismo. Y cuando cantaron, lo hicieron como si el camino valiera cada segundo, como si cada kilómetro recorrido se transformara en aplauso.

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El público, aunque reducido, respondió con una ovación sincera. Tal vez porque entendió que no estaba frente a un espectáculo cualquiera, sino frente a un proceso. Un proceso que se construye en un municipio donde el coro no es solo una agrupación, sino un espacio de encuentro, de solidaridad y de sentido. Allí, el Coro Kandi no solo canta: acompaña eventos comunitarios, participa en causas benéficas y siembra, en cada niño, la posibilidad de creer en algo distinto.

Ya habían cantado en la plaza principal de su municipio. Allí no había luces ni grandes escenarios, pero sí algo más poderoso: la comunidad. Ese mismo espíritu fue el que llevaron a Ibagué, envuelto en melodías que hablaban de tradición, identidad y futuro. Porque cuando un niño canta, el territorio respira distinto. Cuando un grupo como el Coro Kandi se sube a un escenario nacional, no solo muestra talento: evidencia que el arte es una herramienta real de transformación social. En cada voz hay disciplina, en cada ensayo hay acompañamiento, en cada presentación hay una historia que decidió no rendirse.

Por eso, esta no es solo una crónica de lo que ocurrió en un festival. Es también un llamado. Un llamado urgente y necesario a seguir fortaleciendo a nuestra niñez desde las artes, especialmente desde la música. Porque allí, en esos espacios donde un niño aprende a escuchar, a armonizar, a respetar el tiempo del otro y a creer en su propia voz, se construyen ciudadanos más sensibles, más conscientes, más humanos.

El Coro Kandi no solo cantó en Ibagué. Sembró una pregunta en quienes los escucharon: ¿qué pasaría si cada municipio del Tolima tuviera más niños cantando y menos silencios que duelan?

La respuesta, quizás, ya empezó a sonar desde Planadas. Y su eco merece ser escuchado.

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