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Olimpo Ramos, el indígena Nasa que encontró la paz en el café

Olimpo Ramos, el indígena Nasa que encontró la paz en el café

De camisa azul y en el medio de la foto, Olimpo Ramos Atillo, representante de la Asociación de Caficultores Indígenas de San Pedro Resguardo Paez de Gaitania.

Por: Juan Sebastian Giraldo


Con un soplido y un sorbo largo a su taza de café, así comienza cada mañana de la comunidad indígena Nasa en el corregimiento de Gaitania, del municipio de Planadas. Y aunque pudiera parecer normal en un país tan ‘tintero’ como el nuestro, en Gaitania el café se ha convertido en un sinónimo de paz, en la viva imagen de una lucha que permitió silenciar los fusiles que protagonizaron las mañanas de la comunidad tiempo atrás.

La paz en los distintos territorios del país ha sido, quizás, el mayor anhelo de las comunidades más afectadas por la violencia, que año tras año ha derramado sangre en los campos y ensuciado los ríos con plomo y pólvora. Asimismo, la democracia colombiana y sus libertades han sido puestas en tela de juicio por este estado de violencia persistente al que pareciera estar condenado el país.

El acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, firmado en 2016, así como la actual política de ‘Paz Total’ promovida por el presidente Gustavo Petro, no han estado exentos de polémicas y pormenores que han dificultado su implementación. En consecuencia, no han logrado los resultados esperados en comunidades que, aún hoy, siguen pidiendo a gritos el fin de la guerra.

Sin embargo, en materia de construcción de paz, el Tolima es un indiscutible referente. La comunidad indígena y campesina de Planadas constituye un ejemplo del impacto que puede tener el cese de la violencia en un territorio, al punto de consolidarse como productora de algunos de los cafés especiales más destacados del país.

El ‘Primer Acuerdo’

En 1994, el gobernador indígena Virgilio López y el comandante guerrillero de la zona, Jerónimo Galeano, sostuvieron un diálogo basado en dos pilares: la vida y el territorio. La negociación se extendió durante dos años y culminó el 26 de julio de 1996, cuando las FARC-EP y el pueblo indígena Nasa firmaron el primer acuerdo de paz en la historia de Colombia.

“Había mucha guerra. Como indígenas y como campesinos no podíamos trabajar nuestras tierras porque era peligroso. Había mucha hambre y necesidades. Los niños ni siquiera podían ir a estudiar. Todo cambió con el primer acuerdo, por fin pudimos empezar a sembrar sin miedo y cultivar el café que tanto amamos y que nos permite la paz que tenemos”, cuenta Olimpo Ramos, representante legal de la Asociación de Caficultores Indígenas de San Pedro Resguardo Páez de Gaitania.

Por ese entonces, en los albores de la década de los 90, Olimpo era un joven de poco más de veinte años. A su corta edad, era muy popular en el resguardo pues gozaba de un destacado talento y una formación empírica en el uso de la guitarra, influenciado desde pequeño por los aires vallenatos que le enseñó su padre, quien no solo le inculcó el amor por la música, sino también por la tierra y la siembra del café.

“A los diez años, empezamos a acompañar a nuestros padres al trabajo. El primer trabajito que uno aprende es a recoger las pepitas de las matas. Uno va aprendiendo qué tan maduro debe estar para recogerlo y así salga una taza rica. Luego uno aprende el arte del cultivo y la idea es que al crecer uno transmita esas mismas enseñanzas a sus hijos”, recuerda.

En su rol como caficultor y músico, Olimpo fue una de las personas más cercanas al proceso que condujo acuerdo de paz del 96. Incluso fue el compositor de ‘El himno del tratado de paz’, una de las pocas composiciones propias del resguardo y que, aunque “no es muy sobresaliente” en términos de arreglos, según sus propias palabras, es una canción muy importante para la comunidad.

El camino de la paz y un café que recorre el mundo

Con la posibilidad de cultivar sin miedo a morir en el intento o ser saqueados, Planadas fortaleció su vocación cafetera. El objetivo era perfeccionar cada cosecha, encontrar nuevas formas de obtener un mejor grano y trabajar por un sueño compartido desde la firma del acuerdo de paz: que el café de Gaitania llegue a todos los rincones del mundo como un mensaje de paz y respeto por el medioambiente.

“Somos 3500 cafeteros en el resguardo. Estamos trabajando con cafés especiales, que para nosotros es una planta sagrada. Hemos logrado un muy buen café y estamos buscando la comercialización directa a nivel mundial. Esto es fruto del acuerdo de paz que hemos tenido en Gaitania y Planadas. El café es el que nos trae la paz”, asegura el líder indígena.

El sueño de la comunidad de Planadas también se fortaleció con los acuerdos de paz de 2016 entre el Gobierno nacional y las FARC. El municipio fue priorizado como territorio PDET, lo que permitió impulsar la modernización de su industria cafetera y consolidar nuevos vínculos comerciales a nivel nacional e internacional, respaldando procesos que la comunidad venía construyendo desde años atrás.

El éxito de este proceso productivo y social se refleja en el reconocimiento que ha recibido el café de Planadas como uno de los mejores del mundo. Este posicionamiento ha atraído el interés de actores internacionales, incluida la Unión Europea, que ha apoyado el desarrollo de cafés de especialidad en la región. En el territorio se cultivan diversas variedades, entre ellas Colombia, Tambo, Bourbon, Geisha, Castillo y Caturra, entre otras.

“Cuando hay necesidad, no hay paz. Cuando hay hambre, no hay paz. En el territorio Nasa, nosotros somos caficultores y de eso depende nuestra economía y nuestros alimentos, entonces el café es el que nos da la verdadera paz. Pero yo sí le quiero decir a Colombia que si nosotros no dejamos las armas, no habrá ni siquiera una oportunidad de lograr paz”, dice Olimpo con firmeza.

Café Nxusxa, el café de Gaitania que llega a Chicago, Estados Unidos

Entre el 12 y 14 de abril se desarrolla en Chicago la Specialty Coffe Expo 2024, la feria más grande del mundo en cafés especiales. Allí, el Tolima asiste con la representación de cuatro caficultores que dan a conocer el mejor café del departamento, en busca de cerrar acuerdos comerciales internacionales.

Uno de ellos es nada más y nada menos que Olimpo Ramos Atillo, quien, con una gran sonrisa y una mirada soñadora, relataba a los medios de comunicación el pasado 9 de abril, las bondades de su café Nxusxa, con el que espera lograr ese sueño de antaño tan significativo para el proceso de paz en Gaitania.

“Como cultura Nasa, por primera vez vamos con este café especial, representando al Tolima. Es la primera vez que salgo del país y llevo conmigo un café muy bueno, un café varietales llamado Nxusxa, que en nuestro idioma significa dulce. Es un café que ya nos han pedido exportar a otros países porque gusta mucho. Este café es diferente a los demás por sus procesos de secado con cáscara y el cuidado al medioambiente que está presente desde la siembra hasta la recolecta”, explica con emoción. 

Esta será la primera participación directa de la comunidad indígena Nasa y su café en el contexto internacional. En los próximos días se conocerán los resultados de esta feria y el avance en el sueño de todo un resguardo que le dice sí a la paz y todos los días comparte un café en familia.

 

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