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No todo lo que brilla es oro

No todo lo que brilla es oro

La ciudad se merece algo mejor; porque valía la pena que en ese lugar se implantara un ícono arquitectónico, amigable con su entorno y con el usuario.

Por Martha Isabel Rojas Yanini
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Arquitecta U.N. Bogotá

Presidenta veeduría VEECU


Hace más de 2.100 años, un arquitecto e ingeniero del Magno Imperio Romano, de nombre Vitruvio, legó a la humanidad la “triada” de los pilares fundamentales que toda obra arquitectónica equilibrada, debería de tener: firmitas, utilitas, venustas. Conceptos que ningún arquitecto debería de obviar o ser indiferente cuando se trata de diseñar.

Desde hace más de treinta años, como ciudadana y como arquitecta, tenía una gran expectativa de lo que se iba a construir en un lote ubicado a la entrada de El Vergel, en donde estaba instalada una torre de telecomunicaciones. Una de las zonas urbanas de mayor valorización y servicio por la Avenida Ambalá, que por su gran carga vehicular presenta atascos permanentes.

A finales del año pasado, con bombos y platillos inauguraron parcialmente, un centro comercial; finalmente la expectativa había terminado.

Desde entonces, he tratado de asimilar de la mejor manera posible su diseño arquitectónico, pero cada vez que lo observo, que lo recorro, que trato de vivirlo, surgen más dudas que respuestas; porque mi formación académica estuvo tutelada, bajo los pilares de Vitruvio; porque la ciudad se merece algo mejor; porque valía la pena que en ese lugar se implantara un ícono arquitectónico, amigable con su entorno y con el usuario.

Por el contrario, construyeron una isla de calor, pavimentando más del 40% del lote para darle prioridad a los vehículos que, perfectamente se hubieran localizado en parqueaderos subterráneos. Lo más ilógico es que el cargue y descargue de mercancía, junto con el acceso vehicular, se hagan sobre la Avenida Ambalá, originando mayores trancones.

No faltará alguien que refute este punto diciendo que el lote no tenía otro acceso viable, por supuesto que lo tenía, pero al fragmentar el lote (desconozco si lo subdividieron) de la manera que lo hicieron, causaron un daño enorme a la ciudad y si no lo subdividieron, la Curaduría no debió de haber permitido que el cargue y descargue de mercancías, junto con el acceso vehicular, se dieran sobre la Avenida Ambalá.


 

Si hay un elemento arquitectónico que “dialoga” con la ciudad es la fachada. Pero en este caso no lo hay, porque es una fachada que no tiene identidad, ni lógica, ni diseño. Adosaron en fachada unos elementos que nos recuerdan la arquitectura nórdica en donde las grandes pendientes, no permiten que la nieve se acumule y colapse la estructura; estos elementos no tienen nada que ver con el clima, ni con nuestra cultura.

Al tener fachadas en vidrio orientadas hacia el occidente, recibe el sol directo desde el mediodía, hasta cuando el sol se pone; aumentando los efectos de la isla de calor generada en los parqueaderos y sin aleros suficientes, ni parte soles, la sensación térmica puede llegar a ser más de 35º C. Tampoco favorece a la sensación térmica, el color negro usado principalmente en la ornamentación metálica.

Aunque es un diseño “sencillo”, las circulaciones son tortuosas porque incluyen escaleras con contrahuellas mayores a 17 centímetros y se sienten estrechas. Aunque hay una excelente rampa, ésta queda a la intemperie y aislada de los locales.

En fin, podría seguir analizando los demás elementos del Vergel Plaza, pero le cedo el turno a la academia para que termine el ejercicio; e invito a los colegas y a los constructores, para que aprovechen tanto recurso tecnológico del que hoy disponen y así diseñen y construyan arquitectura de alto nivel. La arquitectura que Ibagué y los ciudadanos se merecen, una arquitectura conforme a lo que Vitruvio planteó hace 2100 años.

 

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