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Los campesinos, protagonistas de su fiesta en Planadas
Concurso de arriería en Bilbao. Fotografías tomadas de la Fantpage de la alcaldía de Planadas
En Bilbao este fin de semana no hubo necesidad de buscar protagonistas. Estaban allí, caminando por las calles, exhibiendo sus cosechas, sonriendo junto a sus familias y recordando que el campo sigue siendo el corazón que mantiene vivo a Planadas. Durante varios días, el corregimiento se convirtió en el escenario de las Fiestas Tradicionales del Campesino y la Arriería, una celebración que este año decidió rendir homenaje a quienes día tras día trabajan la tierra y hacen posible que los alimentos lleguen a las mesas de miles de colombianos.
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Desde temprano, las calles comenzaron a llenarse de sombreros, ruanas, botas pantaneras y productos agrícolas. El aroma del café recién tostado se mezclaba con el color de los aguacates, las semillas, las frutas y los cultivos que identifican a esta tierra privilegiada. Cada puesto, cada exposición y cada familia presente parecía contar una historia distinta, pero todas tenían algo en común: el amor por el campo.
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la entrega de capital semilla a 50 mujeres del corregimiento. A través de la dotación de pollos de engorde, muchas familias recibieron una oportunidad para fortalecer sus proyectos productivos, mejorar su seguridad alimentaria y generar nuevos ingresos. Más que una entrega, fue un reconocimiento al papel fundamental que desempeñan las mujeres rurales en la economía campesina.
Mientras tanto, las comparsas recorrían las calles de Bilbao. Entre música, disfraces y expresiones culturales, cientos de habitantes salieron a acompañar un desfile que revivió tradiciones y fortaleció el sentido de pertenencia de toda la comunidad. Los aplausos de los asistentes parecían agradecer la posibilidad de encontrarse nuevamente alrededor de aquello que los une: sus raíces.

Y si hubo un concurso que despertó curiosidad y sonrisas fue el del aguacate más grande. Los asistentes observaban con atención cada ejemplar hasta que se anunció al ganador: un impresionante fruto de 1.519 gramos cultivado en la zona. El comentario se escuchó una y otra vez entre los asistentes: "¡Qué aguacatazo!". Más allá de la anécdota, el concurso se convirtió en una muestra de la riqueza agrícola que caracteriza a esta región del sur tolimense.
La fiesta continuó al ritmo de la Banda Santana, que puso a bailar a jóvenes, adultos y campesinos que por unas horas dejaron atrás las largas jornadas de trabajo para disfrutar de la música y compartir en comunidad. La noche se llenó de alegría, mientras las notas musicales parecían rendir homenaje a generaciones enteras de hombres y mujeres que han construido la historia de Bilbao con esfuerzo y perseverancia.

Otro de los momentos más esperados fue la competencia de coteros o braceros. Allí no hubo escenarios sofisticados ni trofeos ostentosos. Bastó la fuerza, la resistencia y la destreza de quienes durante años han cargado café, insumos y productos agrícolas por caminos difíciles. Cada participante representó el trabajo silencioso de miles de campesinos que han contribuido al desarrollo económico de la región.

Pero quizá una de las imágenes más esperanzadoras de la celebración estuvo en las mesas de catación de café. Allí, niños y jóvenes de Bilbao demostraron que el futuro cafetero del municipio tiene relevo generacional. Con atención y conocimiento, identificaron aromas, sabores y características de los cafés especiales producidos en la zona. Mientras observaban y aprendían, también heredaban una tradición que ha convertido a Planadas en uno de los municipios cafeteros más importantes del país.
Al caer la tarde, cuando las comparsas se retiraban y la música comenzaba a apagarse, quedaba una sensación clara entre los asistentes: las fiestas habían cumplido su propósito. Más que una celebración, fueron un reconocimiento a quienes madrugan todos los días para sembrar, cosechar y sostener la economía rural.
En Bilbao, durante estas fiestas, el verdadero homenaje no fue para una figura pública ni para un artista invitado. El homenaje fue para el campesino. Para el hombre y la mujer que trabajan la tierra, para quienes conservan las tradiciones y para quienes siguen demostrando que el campo colombiano tiene presente, pero sobre todo, tiene futuro.
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