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La gobernadora
Por Adriana Avilés Alvarado
Ser la primera mujer elegida para gobernar el departamento no es solamente un hecho histórico. Es también la demostración de que las mujeres pueden llegar a los más altos escenarios de decisión, gobernar con carácter y asumir grandes responsabilidades sin pedir permiso para hacerlo.
Su gobierno ha puesto sobre la mesa una manera distinta de mirar el territorio: recorrerlo, escuchar a sus comunidades y llevar la gestión más allá de los discursos. Su plan de desarrollo fue construido con participación de las diferentes regiones y contempla apuestas en seguridad, innovación, desarrollo productivo, ambiente, inclusión y empoderamiento de las mujeres.
Eso no significa que todo esté hecho, ni que un gobierno deba estar por encima de la crítica. Todo lo contrario.
La oposición es necesaria. Es saludable para la democracia. Una sociedad sin oposición corre el riesgo de convertirse en una sociedad sin controles. Pero también debemos preguntarnos qué clase de oposición queremos para el Tolima.
Una cosa es controvertir, fiscalizar, señalar errores y exigir resultados. Otra muy diferente es convertir la política en una permanente búsqueda del fracaso del adversario.
La oposición que nace del resentimiento no construye. La crítica que solamente pretende destruir tampoco transforma. Y cuando la discusión política se reduce al insulto, a la descalificación o al deseo de que al otro le vaya mal, termina perdiendo el departamento entero.
El Tolima necesita una oposición que controle, pero que también proponga. Que cuestione, pero que aporte. Que señale los errores, pero a la vez tenga la capacidad de reconocer los aciertos.
Porque gobernar no es fácil. Y gobernar siendo mujer, en un escenario históricamente dominado por hombres, tampoco lo ha sido. La propia gobernadora ha reconocido desde el inicio el carácter histórico de su mandato y el reto de demostrar que una mujer puede gobernar con firmeza y resultados.
Hoy el debate no debería ser quién grita más fuerte, quién destruye más al contrario o en conseguir más titulares para llamar la atención.
El verdadero debate debería ser qué Tolima queremos dejarles a las próximas generaciones.
Podemos tener diferencias ideológicas, políticas y partidistas. Podemos pensar distinto. Podemos ejercer control político y reclamar cuando algo no funciona. Pero hay algo que debería estar por encima de nuestras diferencias: el desarrollo de nuestro departamento.
Porque al final, cuando se apagan los micrófonos, cuando terminan las elecciones y cuando dejan de importar los cálculos políticos, quedan las carreteras, las escuelas, los hospitales, los campesinos, las mujeres, los jóvenes, los empresarios y las familias que esperan que quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos del departamento estén a la altura.
Adriana Magali Matiz abrió un camino histórico. Ahora el desafío es que todos tengamos la grandeza de caminar hacia adelante, incluso pensando diferente, porque el Tolima no necesita más trincheras, necesita liderazgo, respeto, resultados y, sobre todo, necesita que volvamos a encontrarnos en aquello que nos une: el Tolima.
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