Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Actualidad

Ibagué, ¿uno de los mejores vivideros para el adulto mayor?

Ibagué, ¿uno de los mejores vivideros para el adulto mayor?

Equipo de redacción, apoyado de la IA


Hay una expresión que desde hace algunos años se escucha con frecuencia cuando se habla de Ibagué desde Bogotá: “es un buen vividero”. Cercanía con la capital del país, clima relativamente amable, costos que pueden resultar inferiores a los de Bogotá, servicios de salud, comercio y una ciudad que todavía permite desplazamientos relativamente cortos aparecen entre las razones para mirar hacia la capital tolimense.

Pero detrás de esa percepción comienza a aparecer una realidad demográfica que merece mucho más que comentarios de cafetería. Ibagué está envejeciendo, y la pregunta no es solamente cuántos adultos mayores vivirán en la ciudad durante los próximos años, sino quiénes estarán preparados para atenderlos, acompañarlos y cuidarlos.

Este es apenas un análisis preliminar. No pretende establecer conclusiones definitivas, sino poner sobre la mesa algunos datos que deberían llamar la atención de universidades, instituciones de educación para el trabajo, empresas de salud, Alcaldía de Ibagué, Gobernación del Tolima y sector privado. La ciudad podría estar frente a una transformación económica y social que todavía no ha medido suficientemente.

Casi tantos mayores como niños

La primera señal está en la pirámide poblacional. En el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018, Ibagué tenía el 19,8 % de sus habitantes entre 0 y 14 años, mientras el 16 % tenía 60 años o más. Además, las mujeres representaban el 52 % de la población y los hombres el 48 %. 

Las proyecciones demográficas que hemos venido revisando para 2026 muestran un escenario que merece especial atención: en Ibagué prácticamente hay tantos mayores de 60 años como menores de 15.

Esto no significa que todos esos adultos mayores requieran un cuidador. Sería un error plantearlo de esa manera. Una persona de 60, 65 o incluso 75 años puede mantener plena autonomía. Pero también es cierto que el incremento de las edades más avanzadas aumenta progresivamente las necesidades asociadas con salud, dependencia, acompañamiento, rehabilitación, alimentación, movilidad y cuidado.

A ello podría sumarse otro fenómeno que necesitamos cuantificar mejor: adultos mayores provenientes de Bogotá y otras ciudades que encuentran en Ibagué una alternativa para vivir después de la jubilación. Por ahora sabemos que existe esa percepción y una oferta inmobiliaria y de servicios dirigida a esa población, pero no tenemos todavía una medición rigurosa de cuántos adultos mayores están migrando hacia Ibagué ni de dónde proceden. Esa debería ser una de las primeras investigaciones por realizar.

Una economía que posiblemente crecerá

El historiador israelí Yuval Noah Harari, autor de Sapiens, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI, ha analizado cómo la inteligencia artificial y la automatización pueden sustituir numerosas tareas rutinarias. Sin embargo, identifica el cuidado como un campo mucho más complejo de automatizar, precisamente porque exige interacción física, emocional y capacidad para responder a situaciones cambiantes.

Harari plantea además que la combinación entre una mayor esperanza de vida y familias con menos hijos puede hacer del cuidado de las personas mayores uno de los sectores de crecimiento del empleo humano. (Revistas Universidad del Tolima)

Si llevamos esa reflexión a Ibagué, la pregunta cambia: ¿podría la economía del cuidado convertirse en una oportunidad laboral y empresarial para la ciudad?

No estamos hablando solamente de hogares geriátricos. Alrededor de una población que envejece pueden crecer servicios de enfermería, cuidadores domiciliarios, fisioterapia, nutrición, psicología, recreación, transporte especializado, acompañamiento, teleasistencia, adecuación de viviendas, alimentación, tecnología, medicamentos y atención médica domiciliaria.

El cuidado puede convertirse en empleo. Pero para hacerlo bien necesita formación.

¿Tenemos suficientes cuidadores?

Aquí empiezan los vacíos estadísticos. No conocemos con precisión cuántas personas trabajan actualmente cuidando adultos mayores en Ibagué. El Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud, ReTHUS, permite conocer profesionales y técnicos autorizados para ejercer determinadas ocupaciones sanitarias, pero no permite concluir directamente cuántos trabajan específicamente cuidando adultos mayores en la ciudad.

Tampoco tenemos todavía consolidado el número exacto de hogares geriátricos y establecimientos dedicados al cuidado. Los registros empresariales permiten aproximarnos al universo, pero estar matriculado ante la Cámara de Comercio no significa necesariamente estar habilitado para prestar determinados servicios de salud. El propio borrador de esta investigación reconoce que la cifra de más de 40 establecimientos debe considerarse todavía inconclusa. 

Sí encontramos una señal interesante desde la educación. En Ibagué pueden identificarse al menos seis instituciones que ofrecen formación como auxiliar en enfermería: San Pedro Claver, Polibague, IBES, Politécnico de los Andes, FUNSE y Corporación Educativa UMB. El número definitivo tendría que contrastarse con el Sistema de Información de Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano, SIET, y la Secretaría de Educación Municipal. 

Pero nuevamente aparece una pregunta: ¿cuántos se están formando específicamente para atender adultos mayores?

Ser auxiliar de enfermería y ser cuidador no son exactamente lo mismo. Una ciudad que envejece posiblemente tendrá que formar perfiles especializados en geriatría, gerontología, dependencia, demencias, primeros auxilios, nutrición, movilidad y acompañamiento emocional.

El cuidado ocurre principalmente dentro de las casas

Hay otro elemento que cambia por completo la discusión. Buena parte de la economía del cuidado no pasa por una empresa ni genera una factura. Sucede dentro de las familias.

Una investigación realizada en el barrio Tierra Firme de Ibagué por Elizabeth Fajardo Ramos y Alejandra Soto Morales, de la Universidad del Tolima, junto con Ángela María Henao Castaño, estudió a 41 cuidadores primarios de adultos mayores. 

Los resultados permiten mirar el cuidado desde otra perspectiva. El 92,7 % no presentó sobrecarga según la escala de Zarit y el 61 % manifestó sentirse capaz de continuar cuidando a su familiar durante mucho más tiempo. Los grupos de apoyo fueron identificados como un factor importante. (Revistas Científicas Uninorte)

Pero detrás de esos resultados aparece un dato revelador: 38 de los 41 cuidadores eran mujeres. Además, 23 no trabajaban y 21 dedicaban entre cuatro y ocho horas diarias al cuidado. (ResearchGate)

Es decir, cuando hablamos de economía del cuidado también estamos hablando de horas de trabajo que muchas veces no reciben remuneración.

Las mujeres siguen cuidando

Una investigación posterior refuerza esa realidad.

El estudio Funcionalidad familiar y sobrecarga de cuidador según grado de dependencia del adulto mayor, publicado en 2023 por investigadores de la Universidad del Tolima y la Universidad Nacional de Colombia, estudió 76 cuidadores de adultos mayores en Ibagué.

Los resultados son contundentes: el 75 % eran mujeres y, entre ellas, el 54,8 % eran hijas de la persona cuidada. Además, el 40,4 % de los propios cuidadores tenía alguna enfermedad crónica y el 51,2 % reportó una carga de cuidado intensa. (Ciberindex)

Hay otro elemento determinante: el 44,4 % de los adultos mayores atendidos tenía una dependencia entre moderada y severa. Los investigadores encontraron que a mayor dependencia del adulto mayor, mayor sobrecarga para quien lo cuida. ([Ciberindex][4])

¿Quién cuida al cuidador?

Cuidar también puede enfermar. El problema tampoco desaparece cuando el cuidado se convierte en un empleo formal.

El trabajo Factores psicosociales asociados al cuidador del adulto mayor en el Hogar Geriátrico Aluna en Ibagué-Tolima, realizado en 2021 por Leidy Johanna Espinosa Gil, María Alejandra Carvajal Medina y Laura Angélica Orjuela Quiroz, de la Universidad EAN, estudió siete trabajadores y cuidadores. 

La investigación encontró un nivel muy alto de riesgo psicosocial general, con factores relacionados tanto con las demandas laborales como con condiciones externas al trabajo y manifestaciones de estrés. Las autoras recomendaron intervención para proteger la salud de los trabajadores. 

La conclusión resulta incómoda pero necesaria: profesionalizar el cuidado no consiste únicamente en generar puestos de trabajo. También significa establecer jornadas razonables, descanso, remuneración, capacitación y apoyo psicológico para las personas que tendrán bajo su responsabilidad la vida cotidiana de otros seres humanos. Muchos de los testimonios de las cuidadoras que trabajan con las IPS indican que confunden las familias del ser cuidador con auxiliar de servicios dome2sticos de todos los integrantes del hogar. 

Los Centros Día: cuidar sin separar de la familia

Ibagué ya tiene experiencias institucionales sobre las cuales construir.

La Universidad del Tolima publicó en 2020 Gestión del cuidado en los hogares día de Ibagué, de Elizabeth Fajardo Ramos, Ángela Henao Castaño y Marta Lucía Núñez Rodríguez. Las investigadoras analizaron la gestión del cuidado en los Centros Día/Vida desde la teoría del autocuidado de Dorothea Orem. ([Revistas Universidad del Tolima][1])

Estos espacios tienen una característica fundamental: no son hogares geriátricos. La persona mayor recibe atención durante el día y posteriormente regresa a su entorno familiar. El modelo busca conservar autonomía, socialización y autocuidado. 

En la estrategia municipal aparecen tres centros principales: Popular, Industrial y La Cima. Una caracterización departamental maneja un universo más amplio y registra 46 Centros Día/Vida en Ibagué, razón por la cual las cifras no deberían mezclarse sin aclarar qué tipo de establecimiento se está contabilizando. 

Los tres Centros Día municipales reportaron atención a 1.364 adultos mayores en 2023, mientras que para 2025 la estrategia desarrollada alrededor de Popular, Industrial y La Cima reportó impacto sobre 3.400 personas mayores. 

Puede competir Ibagué con el Eje Cafetero?

Esa pregunta todavía no tiene respuesta y aunque investigadores como Jaime Eduardo Reyes lo han referenciado de manera esporádica, se necesita mayor información. Ibagué tiene ventajas geográficas evidentes, una importante oferta de salud, universidades, instituciones técnicas y cercanía con Bogotá. También posee condiciones que pueden resultar atractivas para una persona jubilada que busca una ciudad intermedia.

Pero declararnos desde ahora como uno de los mejores lugares de Colombia para envejecer sería adelantarnos a los datos.

Para competir realmente por ese mercado, si la ciudad decide hacerlo, habría que preguntarse si los andenes permiten caminar con seguridad, si el transporte público responde a personas con movilidad reducida, si existen suficientes especialistas, cuántas camas geriátricas están disponibles, cuál es el costo mensual del cuidado, cuántos cuidadores certificados existen y qué tan accesibles son los servicios para una persona que vive sola.

También tendríamos que preguntarnos por algo todavía más elemental: ¿Ibagué está diseñada para envejecer?. Nos falta mucho pelo para el mońo.

Una oportunidad que necesita planificación

Lo interesante es que esta discusión no debería comenzar cuando el problema esté encima.

Si la población mayor continúa aumentando, las decisiones educativas que tomemos hoy determinarán buena parte de nuestra capacidad de respuesta dentro de diez o quince años.

¿Por qué no fortalecer desde ahora la formación especializada de auxiliares de enfermería y cuidadores? ¿Por qué no desarrollar programas técnicos específicos para atención gerontológica? ¿Por qué no medir cuántos empleos genera actualmente esta actividad? ¿Cuántos adultos mayores viven solos? ¿Cuántos hogares geriátricos están realmente habilitados? ¿Cuánto gasta mensualmente una familia ibaguereña cuando uno de sus integrantes pierde autonomía?

Y hay una pregunta particularmente importante para las universidades: ¿cuánto vale económicamente el cuidado no remunerado que realizan las familias de Ibagué?

Las investigaciones locales ya nos muestran quién está asumiendo buena parte de esa responsabilidad: principalmente mujeres, muchas veces hijas, algunas de ellas también enfermas y con cargas intensas de cuidado. ([Ciberindex][4])

El verdadero “buen vividero”

Ser un buen vividero para el adulto mayor no puede reducirse al clima, al precio de un apartamento o a estar a tres horas de Bogotá.

Una ciudad preparada para envejecer debería permitir que una persona conserve autonomía durante el mayor tiempo posible y garantizar que, cuando ya no pueda hacerlo sola, encuentre una red humana e institucional capaz de acompañarla.

Ibagué podría encontrar allí una oportunidad económica importante. Pero también una enorme responsabilidad social.

Este análisis es apenas un punto de partida. Los datos todavía están dispersos entre DANE, Cámara de Comercio, ReTHUS, instituciones educativas, universidades, Alcaldía, Gobernación y prestadores de salud. Hace falta reunirlos, depurarlos y convertirlos en información que permita tomar decisiones.

Porque la pregunta ya no es solamente cuántos adultos mayores tendremos.

La pregunta que Ibagué debería comenzar a responder desde ahora es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil: ¿quién nos va a cuidar cuando envejezcamos?

 

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados