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Día del Teatro en Ibagué: que el olvido departamental no nos impida fraternizar

Día del Teatro en Ibagué: que el olvido departamental no nos impida fraternizar

Por: Tomás Latino - Gestor cultural y precursor del teatro en Ibagué


El Día Internacional del Teatro en Ibagué es una recordación de cómo el teatro vive y evoluciona en el mundo. El olvido temporal que hoy el departamento padece en materia teatral, no nos impide fraternizar.

En días pasados cuando los “viejos teatreros” posamos en el Teatro Tolima para la fotografía: “La Última Cena”, la generación variopinta de compañeros de Ibagué, nos saludamos y nos reconocimos como cultores del arte teatral en el siglo pasado, con la conciencia y admiración de otros que ya no están,  pero que mantuvieron en su obra y vida, la antorcha encendida del teatro en la región, actuando en grupos y dirigiendo obras que mantuvieron eslabonadas desde aquí, visiones e ideas de la vida artística y el mundo escénico.

Muchas veces rivalizamos y otras veces las experiencias fueron compartidas, en las salas, en los pueblos y en la calle.

La historia de los años 70, 80 y 90 con sus desfiles, sus cultores y sus artistas sorprendieron a una generación alejada del dios Dionisio, del teatro clásico y la vanguardia, de los sutiles ecos de la creación colectiva colombiana. Personas que pensaron en el teatro como una forma de expresión de la imagen dramática y que dejaron su impronta original en esta sensible comunidad.

Como no recordar a los antiguos representantes de las marionetas y los títeres, a los silenciosos y elocuentes mimos, a una multitud de actrices y actores, de diversas tendencias; a unos directores que aportaron con su esfuerzo intelectual y sus exhaustivos ensayos, la alegría de los estrenos. A esos organizadores que soñaron con un desarrollo del teatro y procuraron poner la política y la educación al servicio del arte y de la escena.

Como desconocer el empeño puesto desde diversos podios por realizar festivales, escuelas de capacitación, talleres, funciones y consejos, para reactivar el ejercicio del teatral.

Como no tener en cuenta la tenacidad de muchos por abordar espacios nuevos, inaugurando eventos únicos y singulares. Comprometiendo instituciones, antes refractarias e indiferentes a la actividad representativa, pero finalmente convertidas a nuestro favor.

También reconocer a los escritores, dramaturgos y poetas que a lo largo del tiempo han plasmado sus emotivas impresiones en rústicas fotocopias de papel. A la prensa y a la radio que han estado siempre atentas por el devenir de los teatristas locales.

Para nadie es un misterio que la actividad teatral aquí enfermó hace algún tiempo de un extraño mal contagioso. Esto produjo un aislamiento preventivo que atomizó a sus practicantes. La recuperación ha sido larga y difícil, a pesar de los estímulos ofrecidos. Parece ser que la cura es de adentro para afuera, de abajo para arriba. Sin embargo, a pesar de la quietud y la expectativa el movimiento sigue, aunque más lento, vivo.

Los arranques de empatía y solidaridad no faltan, pero el gremio sigue ausente de las luchas comunes.

Antes que hacedores somos seres humanos y la artesanía de nuestro oficio naturalmente nos agrupa, sin marcas, ni estilos, solo por la histriónica alegría de estar juntos, aunque diferentes, válidos.

Ese y otros motivos justifican e impulsan el festejo aunado del Día del Teatro, con la esperanza de que nos multipliquemos, para que en cada esquina y en cada parque esté presente nuestra voz. Para que en cada lugar resuene la risa y el llanto de los redivivos personajes de los sueños, más allá de las evidencias burocráticas y los tímidos presupuestos que nos condicionan.

Y va nuestra energía vital como un estímulo permanente a la admiración que profesamos por aquel otro, con quien nos hermanamos, en el Amor al Arte del Teatro.

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