Opinión
De regreso a casa
Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo, historiador, docente
Tras la Semana Santa, el ritmo laboral se retoma. Este es uno de los periodos con mayor dinamismo para las economías locales, especialmente aquellas que orbitan alrededor del turismo.
En el caso del Tolima, se estima el ingreso de 500.000 visitantes; de estos, uno de cada tres se hospedará en Ibagué. Según COTELCO, la ocupación hotelera ronda el 70% y se proyecta la venta de más de 150.000 pasajes en la terminal terrestre.
Vender turismo es, en esencia, vender cultura y paisaje. Esta premisa invita a la reflexión: el turismo funciona como una "actividad sombrilla" que impacta sectores como la gastronomía, el transporte, la hotelería y los servicios. Sin embargo, para que el visitante regrese, esta industria exige altos estándares de calidad, control de precios, niveles óptimos de seguridad y políticas públicas que incentiven su desarrollo.
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El Eje Cafetero es un referente cercano. Allí, las crisis del precio del café impulsaron a los propietarios a reconvertir el uso del suelo, pasando de lo agrícola a lo turístico. Así, las casonas de hacienda se transformaron en fincas de recreo y hostales rurales. Su oferta gastronómica, antes limitada a la comida sencilla de los peones, convirtió al fríjol y la aguapanela con queso en sus estrellas culinarias. Gracias a una gestión eficaz, las autoridades posicionaron la región como un destino internacional; hoy se espera que esta semana deje beneficios cercanos a los 70.000 millones de pesos.
Aunque la Gobernación cuenta con la hoja de ruta "El Tolima es el Plan" -que busca posicionar al departamento mediante el turismo de bienestar y la "economía plateada"-, la iniciativa queda incompleta sin una mejora en la infraestructura. En Ibagué, los turistas que viajan en vehículo particular deben elegir entre esquivar los innumerables baches o apreciar el paisaje. Asimismo, la vía al Nevado del Ruiz sigue siendo precaria y las fallas de internet son constantes.
La situación se repite en otros municipios: la sede de Comfenalco en Prado muestra un evidente deterioro; en Melgar, la quebrada La Melgara inunda periódicamente las instalaciones de Cafam; y la vía hacia Ambalema presenta tramos sin pavimentar que retrasan el acceso a este puerto histórico.
En Murillo, el éxito ha desbordado la capacidad local, obligando a imponer un "pico y placa" para turistas, medida insólita que afecta al comercio. Por último, en Mariquita la Casa de Mutis luce abandonada, mientras que en Ibagué los museos permanecieron cerrados y sin agenda cultural durante la Semana Mayor.
El turismo masivo es una actividad exigente y multidisciplinaria donde las políticas públicas deben converger. Sería ideal ver las haciendas de los llanos del Tolima convertidas en hostales donde se explique el origen de nuestra cultura, en lugar de contemplar pastizales secos y ganado famélico.
Si queremos ser un destino exitoso, debemos aprender de nuestros vecinos, invertir en infraestructura y transformar el uso del suelo. Porque historia y gastronomía tenemos de sobra.
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