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Tochecito: el santuario que blinda los relictos de palma de cera más densos del planeta
Fotografías: Jhony Carvajal, David González, Harold Murcia y David Bejarano “Truman”.
Por César Augusto Velandia Silva
*Arquitecto, Doctor en geografía e investigador posdoctoral de la Universidad Complutense de Madrid.
El pasado 6 de agosto de 2026, el Ministerio de Ambiente expidió la Resolución 0993, que declara, delimita y alindera el Santuario de Flora Palmares de Tochecito, en jurisdicción de Cajamarca e Ibagué. Entre los 2.000 y los 3.750 metros de altitud, sobre la cuenca del río Tochecito se integra hoy cerca de 2.000 hectáreas protegidas.
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Por fin se pretende una protección contundente de este paisaje biocultural constituído por un sistema vital altamente frágil de relictos de bosque que albergan la mayor concentración en el mundo de la palma de cera (Ceroxylon quindiuense) y catalogada “En Peligro Crítico” por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).
Un paisaje que también es patrimonio cultural
El nuevo santuario pertenece al paisaje biocultural de Alto de Toche–Volcán Cerro Machín. Nuestra investigación de 2022, financiada por Minciencias y la Universidad de Ibagué, documentó que en este bosque pervive una historia más antigua.
Entre los 2.600 y los 3.000 msnm caracterizamos y documentamos 37 plataformas o "tambos": terrazas artificiales que sirvieron como vivienda, sitios funerarios, de observación y de reunión de los pueblos prehispánicos que domesticaron esta ladera de la Cordillera Central hace 8000 años. La palma de cera y los tambos son, por tanto, dos capas de un mismo patrimonio: el natural y el cultural, tejidos sobre una red de caminos que siglos después formarían el histórico Camino del Quindío.
La amenaza silenciosa: el ganado que carcome el relicto
A pesar de la protección legal, este paisaje está deteriorándose desde hace años. La principal amenaza para estos relictos es la ganadería lechera extensiva. El tránsito constante del ganado a través de estos relictos altera la sucesión vegetal y carcome este bosque protegido. Las vacas impactan el suelo, impiden que las semillas de palma y de otras especies nativas germinen, y debilitan las raíces.
Esta actividad va dejando grupos de palmas aisladas hasta que el suelo, cedido por el pisoteo continuo hacia los abrevaderos y pastizales, termina por derrumbar a los gigantes de cera, cunado no son quemadas en desde su base de forma premeditada. A esto se suma un turismo de aventura (motos y cuatrimotos) no regulado y el terreno totalmente alterado por el pastoreo del ganado, altamence susceptible a la remoción en masa en los extremos inviernos recientes gracias al cambio climático. Estos factores amenazan con borrar para siempre las huellas de nuestra historia y los hábitats de especies endémicas.
La palma que sostiene la vida y los nuevos guardianes
La importancia de estos relictos trasciende a la palma. Sus cavidades contienen los nidos del loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) y el perico paramuno, y sus frutos el alimento que los sostiene. Además, el santuario regula el agua de la cuenca alta del río Coello: las quebradas San Rafael, Dantas y Pajaritos nacen allí, alimentan el río Toche y sostienen comunidades y riegos del Tolima.
Frente a este panorama, la esperanza tiene los rostros de la comunidad local. Durante el proyecto, realizamos talleres participativos con los niños, niñas y padres de familia de la Escuela El Amparo. El objetivo fue claro: construir un conocimiento de forma colectiva y fomentar la memoria de su paisaje. Enseñarles que las montañas que ven desde sus ventanas es un laboratorio ecológico al aire libre.
Los niños de Toche, son la clave del futuro de este nuevo santuario. Son ellos quienes deberán contar las historias de su vereda a los visitantes, que permita transitar de un turismo de consumo a un turismo científico y de naturaleza. Un turismo que visite la cuenca para avistar aves en peligro crítico de extinción y comprender la simbiosis entre los antiguos caminantes de los Andes y el bosque de niebla.
La Resolución 0993 es un triunfo legal, pero la verdadera protección de los relictos de Tochecito se dará en las aulas, en los senderos y en la memoria de sus habitantes. Defender este santuario es impedir que el ganado carcome nuestra memoria, y garantizar que las palmas de cera sigan tocando el cielo del Tolima por milenios más.

Identificación de tambos o terrazas. Fotografía: autor.

Una terraza arqueológica utilizada como corral para ganado en el sitio de Las Cruces. Fotografía: autor
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