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Nevado del Ruiz y el sueño de convertirlo en el primer geoparque de Colombia
Panorámica desde uno de los eco hostales de Murillo
En las entrañas de la cordillera Central, donde la tierra respira fuego y memoria, el Nevado del Ruiz vuelve a ser protagonista de una historia que trasciende el riesgo volcánico: su aspiración a convertirse en el primer geoparque de Colombia reconocido por la Unesco.
Hoy, el mundo cuenta con 229 geoparques distribuidos en 50 países, territorios que han entendido que su riqueza geológica no es solo un legado natural, sino una oportunidad para educar, proteger y desarrollar economías sostenibles. China lidera esta red con 49 geoparques, seguida por España con 18, mientras que en América Latina destacan experiencias en Brasil, México, Chile y Perú, donde la ciencia y la cultura dialogan con el turismo responsable.
Un geoparque no es un parque cualquiera. Es un territorio vivo, donde volcanes, montañas, fósiles y formaciones rocosas se convierten en aulas abiertas. Allí, la comunidad no es espectadora, sino protagonista de un modelo que integra conservación, educación y desarrollo económico.
Colombia, a pesar de su diversidad geológica, aún no cuenta con este reconocimiento. Sin embargo, el Nevado del Ruiz se perfila como el gran candidato. El proyecto, que comenzó en 2016, ha retomado fuerza gracias a la articulación de entidades como Parques Nacionales Naturales, el Servicio Geológico Colombiano y diferentes gobernaciones de la región andina, en especial la de Caldas y el Tolima.
Entre 2017 y 2018, se consolidaron los primeros pasos técnicos: identificación de geositios, estrategias de conservación, programas educativos y una hoja de ruta que busca cumplir con los exigentes criterios de la Unesco. Más allá de un trámite, se trata de un proceso que exige cohesión regional y compromiso comunitario.
Porque un geoparque no se decreta: se construye desde el territorio.
Si el Nevado del Ruiz alcanza este reconocimiento, su impacto iría mucho más allá del prestigio internacional. Se convertiría en un laboratorio natural para el estudio de volcanes activos, un aula viva para estudiantes e investigadores, y un escenario privilegiado para el turismo científico y ecológico.
Pero el verdadero cambio se sentiría en la vida cotidiana de las comunidades.
En el Tolima, municipios como Murillo y Líbano podrían experimentar una transformación profunda. Murillo, puerta de entrada al Parque Nacional Natural Los Nevados, tendría la posibilidad de consolidarse como destino de turismo de naturaleza con estándares internacionales, generando empleo local, fortaleciendo emprendimientos y dignificando el rol de sus habitantes como guardianes del territorio.
Líbano, por su parte, podría integrar su riqueza cafetera, cultural y paisajística a una narrativa global donde el turismo no solo visita, sino que comprende y respeta. El geoparque abriría caminos para nuevos circuitos turísticos, productos locales con identidad y una economía más diversa y resiliente.
En esencia, el Nevado del Ruiz como geoparque no sería solo un reconocimiento geológico. Sería una nueva forma de mirar el territorio: una apuesta por el desarrollo sostenible donde la naturaleza, la ciencia y la comunidad caminan juntas.
Y quizás, en ese diálogo entre el volcán y sus pueblos, el Tolima encuentre una de sus mayores oportunidades para proyectarse al mundo sin perder su esencia y quizás otros municipios cercanos, en especial Armero, puedan tener mayor visibilización y desarrollo frente a lo vivido ese 13 de noviembre de 1985 .
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