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El ingrato olvido en el que vive el maestro Álvaro Villalba

El ingrato olvido en el que vive el maestro Álvaro Villalba

A sus 89 años, el maestro Villalba pasa sus días en Jardines de Navarra, zona residencial de Ibagué. Allí María Cecilia Arciniegas, su esposa, tiene una tienda con la cual complementa el pírrico aporte que recibe cada seis meses por parte de Acynpro. 

Cuenta María Cecilia  que se ha encontrado con la desoladora cifra de hasta $800.000 semestrales.

Si bien el estado actual de Álvaro Villalba se debe a los achaques naturales de la vejez, también ha pesado una mala intervención quirúrgica a su próstata y una isquemia cerebral transitoria. Ante la falta de recursos, no ha contado de manera permanente con una enfermera que lo atienda adecuadamente.

“Mis días no se sabe en qué momento empiezan, me debo levantar todas las madrugadas para limpiarlo y ayudarlo en su aseo personal. Me toca muy duro entre atender la tienda y cuidar a mi esposo al mismo tiempo”, relata Cecilia Arciniegas, quien en muestra de un profundo amor por el maestro, dedica su vida a velar por él y hacerle más llevadera la vejez.

En algún momento la familia lo internó en un centro geriátrico, idea que abandonaron en menos de un mes. “Yo salía llorando de las visitas, él me decía que le hacía mucha falta, que no lo atendían de la mejor manera, hasta que no aguanté más y me lo traje nuevamente para la casa”, expresa Cecilia.

Durante unos pocos meses el maestro Villalba tuvo a su disposición una enfermera, hasta el pasado 15 de septiembre. Desde entonces su esposa se encarga de cuidarlo día y noche.

Resulta paradójico saber que las únicas ayudas que recibe Villalba en estos momentos, proceden de particulares, pues los entes culturales y la industria musical lo tienen sumido en el olvido. Tristemente no cuenta con una pensión o cualquier otro tipo de auxilio que recompensen el gran aporte que le hizo a la música andina. 

 “La gente es muy ingrata, los colegas no vienen a verlo. Antes lo sacaban para reuniones, pero nadie volvió cuando ya no pudo tocar por su isquemia cerebral transitoria. Cuando él muera no va caber gente en su velorio, pero ¡ya para qué!…” se lamenta María Cecilia. 

Al respecto, Acynpro se lava las manos aludiendo que su música ya no es tan consumida, y por lo tanto, las regalías son proporcionales. De parte de la Fundación Musical de Colombia, aunque no es estrictamente su compromiso, Cecilia siente que ha recibo un trato frío, distante. 

Villalba supo de la agonía que pasó su compañero inolvidable Rodrigo Silva en sus últimos meses de vida, y al enterarse de su muerte, musitó unas pocas y suficientes palabras: “se fue a descansar”. 

La Alcaldía de Ibagué ya se puso en contacto con la esposa del maestro Villalba para ofrecerle el servicio de enfermería las 24 horas. Por ahora, solo se ha acercado un doctor a chequearlo y se espera que lo antes posible esté el servicio a su disposición. 

En las mañanas, mientras su esposa atiende en la vitrina y prepara el almuerzo, Villalba escucha música, seguramente rememorando aquellos años en los que sobraban los ‘amigos’.

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