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Réquiem por un amigo

Réquiem por un amigo

Edgar Coronado

Por: Humberto Leyton



Era un muchacho alegre, vivaz, voluntarioso y dispuesto a servir. En aquel entonces, década de los 80-90, cargaba un maletín de mano color negro o café, con los contratos de publicidad, era uno de los vendedores de la legendaria Ecos del Combeima, al lado de Fidelina Caicedo, quien era la administradora de la emisora y de José Antonio Cruz, entre otros.

Su profesión era vender aire y los sonidos mágicos de la radio.

Llegó allí de la mano de su amigo personal Henry Pava, y contaba con el beneplácito en general de la familia encabezada por el senador Jaime Pava Navarro, porque no solo vivía de las ventas, también le gustaba la política y los acompañaba en las correrías de campañas, pero pese a ello, jamás utilizó la política o su cercanía con Henry ni la familia Pava, para asuntos personales. Era un empleado más de la emisora ejerciendo el oficio más difícil de cualquier medio de comunicación: las ventas.

Por su habilidad como vendedor, fue nombrado luego como gerente de la Súper Estación (FM) de El Espinal como gerente, donde permaneció algún tiempo. Más adelante cuando se desintegró la cadena de Radio Súper, incursionó en la televisión local PYC, donde con su programa El Kanal del Tiempo, recorría la ruta de los recuerdos especialmente en el género de la balada y la música tropical.

Por su espacio desfilaron los mejores representantes de este mundo musical, donde no se pueden citar nombres sino épocas, pero que al decir de José Eddy Galindo, un decano de la radio tolimense, Coronado era uno de los profundos conocedores de la música popular.

Esta labor la alternó como propietario y administrador de una viejoteca que llevaba el mismo nombre de su programa de televisión: El Kanal del Tiempo, que funcionó inicialmente en la calle 15 entre carreras 6ª y 7ª, hasta cuando se trasladó al sector de la avenida Mirolindo. Dentro de la programación de esta discoteca, y como cosa curiosa, creó un espacio para personas solitarias en busca de pareja o de aventuras que se llamó “Busque a su Media Naranja”. Se desconoce cuántas almas unió, cuántos corazones se juntaron o cuántos matrimonios se oficializaron, lo cierto fue que muchos encontraron el complemento de su vida en este programa.

La vida de Coronado no fue fácil. Como todo mundo tuvo sus altibajos inevitables, sus ascensos y sus caídas, pero el más impactante y demoledor de los golpes fue la muerte de su hijo Edgar Andrés. Este inesperado suceso lo doblegó y le cambió la vida. El Edgar Coronado de entonces, el efusivo y alegre que recuerda Flor María Acosta, la compañera de trabajo de Ecos del Combeima de épocas pasadas, ya no era el mismo. La tristeza y la melancolía se posaron en la sensibilidad oculta del querido amigo.

Hablé con él sobre los quebrantos de salud que lo acosaban desde hace algún tiempo, pero realmente no era el mismo Edgar que conocí como compañero de trabajo en Ecos. Su voz se mostraba débil y apacible, su estilo jovial y hasta de mamador de gallo había cambiado. Su corazón no le resistió más y partió hacia el oriente eterno, donde tarde o temprano nos encontraremos todos.

Solo quiero recordarlo con su mensaje de esperanza de despedida de año que dejó en su muro del Facebook: “Gracias 2022 por habernos demostrado que podemos despedirnos de cosas o de personas para recibir a otras nuevas. Gracias por habernos dado la fortaleza necesaria para cerrar etapas y para abrir otras nuevas. Gracias por permitirnos disfrutar de la vida tal y como es, por demostrarnos que se puede cambiar de vida en cualquier momento, sin necesidad de tener más o de marcharnos de ciudad o de país.

Haciendo un balance de todo el año, nos damos cuenta de que nos has brindado mucho más apoyo que los años anteriores. A pesar de ello, todo ha tenido sus luces y sus sombras, y por supuesto nos quedamos con la lección de no cometer los errores del pasado, de mirar hacia delante con la esperanza de que todo puede cambiar, para bien o para mal, y que debemos aprovechar cada cambio, cada oportunidad, cada vivencia, y exprimir la vida al máximo.

Es un hasta siempre pero no un hasta nunca, 2022. Porque otro año llega, nunca vas a regresar, pero siempre tendrás un hueco en nuestros corazones”.

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